ni lo alto ni lo profundo podrá apartarnos del amor de Dios
SOMOS MAS QUE VENCEDORES…..
Queridos hermanos, una noche fría de otoño mientras excarvaba en mis
recuerdos, encontré una preciosa postal
que recibí en el año 2003 como recuerdo de la presentación de 2 niños de
la Iglesia y la cual dice: Ni lo alto,
ni lo profundo, podrá apartarnos del amor de Dios. He de confesaros que estuve unos cuantos
minutos observando la postal y finalmente
decidí abrir mi biblia para leer el Capítulo 8 de la carta que el apóstol Pablo
escribió a los Romanos porque sentí por
primera vez en mi vida cristiana la
necesidad de saber ¿ por qué este hombre siervo de Jesucristo, estaba tan convencido de que no hay ninguna cosa
creada que nos pueda separar del amor de Dios?
Pablo fue un
hombre que antes de su conversión al cristianismo, respiraba amenazas y muerte
contra los discípulos del Señor. Un
cierto día cuando le rodeó una luz del cielo y oyó la voz de Jesús , Pablo cayó al suelo y dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? y a
partir de ese momento, su vida cambió, se dedicó a predicar de Cristo. Pasados muchos días, los judíos resolvieron
matarle, y él lo sabía.
Pablo vivió momentos de tensión, tribulación y desconcierto seguramente, pero estaba lleno
del Espíritu Santo, su corazón se había enamorado del Señor y esto hacía que
cada día renovara su fe y sus fuerzas aun
en medio de la adversidad que le rodeaba, aun en medio del dolor y las heridas por haber sido apedreado ,insultado y encarcelado.
Creo que Pablo tenía muchas razones de peso para pensar que el amor de Dios en algunos momentos de su
vida no estaba con él, más nunca lo dudó
porque era un hombre que vivía en el
Espíritu , es decir ,era un hombre que estaba en Jesús y se ocupaba de las cosas de Jesús y esto es
vida y paz. Bien dice la palabra de
Dios: Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos
de Dios (Romanos 8,14).
Somos herederos de
Dios, y esto conlleva una gran responsabilidad. No olvidemos que si
hoy alguno de nosotros está sufriendo momentos de
aflicción, tristeza , peligro, angustia, etc, este sufrimiento no es comparable con la felicidad y gloria venidera que
tendremos en Cristo Jesús porque somos más que vencedores , y, ni la muerte, ni la vida, ni ángeles ni
principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo ni ninguna cosa creada nos
podrá separar del amor de Dios.
Asi pues, que el
anhelo de nuestro corazón y nuestra oración a Dios por la Iglesia sea para salvación, para que seamos temerosos
de Dios y constantes en sus caminos;
para que seamos hombres y mujeres de buen testimonio y aprendamos a
vivir en el Espíritu, agradando a Dios y sirviendo en su iglesia con amor y
humildad.
Bendiciones.
Salomé Quintero
